Pasajera en trance

Los poetas me acusan de deber ser valiente. Las artes, para siempre.

domingo, diciembre 25, 2005

Un poco de miel no basta


-La menor, Sí, no corré un poco el dedito para la izquierda, y pone el indice sobre la segunda cuerda. En un movimiento confuso la muchachita apresuró a responder a las indicaciones del maesto, quien era muy sabio y ella debía respetar. Posó su mano el maestro sobre su frente, denotando cansancio.
-Estás seguro que es esto lo que queres para tu futuro? -solía decirme Amanda Tulia, la mujer que cuidaba de mi, cuando mis padres se olvidaban de haber tenido un hijo. ¡Un hijo músico! Qué desperdicio pensaban, tomaban mi inclinación hacia las bellas artes, como un insulto al apellido Morán, si que pertenecíamos a la familias patricias. Un apellido que pesaba en la industria agraria, la corporación Morán tenía el monopolio de el comercio en las afueras de Buenos Aires. Yo simpre, a un costado, evadiendo con naturalidad los negocios, quienes debía heredar, yo debía ser el orgullo de la familia.

Esa mañana, aquella mañana, Mario despertó advirtiendo un sonido, un cálido sonido que a su vez lo hacía sentirse agrio, era una sensaciónque conocia, era como cuando cada vez que miraba a su mamá pelear con Morán. Le era difícil llamarlo Papá. Se deslizó entre las sábanas y corrió hasta asomarse a la ventana, desde donde se podía admirar un jardín otoñal, en perfecto contraste con el cielo gris, y el olor que siempre se huele cuando esta apunto de llover, y uno corre a encontrarse con sus botas de lluvia. Un torbellino de viento envolvía hojas de danzantes formas para hacerlas sentir libres de volar por unos instantes. En una correntada ua hoja alcanzó altura, logró librarse de la gravedad para llegar más alto y encontrarse con la ventana de Marito, está se adhirió al vidrio, para él poder ver a través de ella, era traslúcida y uno podía vislumbrar sus nervaduras, la hermosura de su naturaleza y los rayos de luz atravesandola. Atraido por su innata belleza, dejo abrir la ventana el viento rosó su cara y recorrió toda su habitación, pero Mario, olvidando el motivo por el cual se había despertado, volvió a oir esa música que tenía aroma atractivo, pero sabor amargo...
Se sintió fuera de tiempo y espacio, trasladado por la melodía a quilometros de aquella cama, aquel ventanal, a miles de horas de aquella mañana, pero seguía de pie junto a la ventana, esa música le hizo creer que nada valía la pena y todo lo valía. La música le abrió las puertas al nirvana, claro que soy un músico que quiere ayudarlos a encontrar su nirvana, cosa que experimento ahora y antes experimenté como una desubicación total de tiempo y espacio, sentirse lleno y vacío y querer inmortalizar ese recuerdo con la muerte. soy músico y el violín es mi instrumento de nirvana.