Pasajera en trance

Los poetas me acusan de deber ser valiente. Las artes, para siempre.

sábado, noviembre 22, 2008

Se podría decir que Braudel tenía razón. Y uno se pregunta ¿cómo penetró el arte de la poesía en una ciencia como la historia?
Pero aquel interrogante no convence a esta autora, yo pretendo invertir mi idea: ¿cómo es que la poesía se disoció de un arte como la historia?
Ya Heródoto haría de la historia un arte literario, desglosando la rigurosidad minuciosa de un hecho histórico en una pretensión totalizadora: tomar ciertos aspectos no abarcativos de la realidad concreta y concatenarlos en un ámbito que permitiera narrar una historia, a la misma vez que hacer historia -rara la etimología de las palabras, ¿eh?, si se pudieron disociar de significado, no pudieron hacerlo de significante, porque ambas siguen manteniendo los mismos fonemas.
La historia no es más que el canto del mundo, la reflexión del desastre, el llanto del progreso, el devenir de las ideas, y el pasado de las ideas, ambas configuradas en este momento. Un momento efímero.
¿Y cómo puede calificar la historia, este momento? Aquel que no pertenece ni al pasado ni al porvenir, ¿cómo?. Acá podemos configurar el instante que constituye cada momento en un tiempo que se circunscribe por fuera de los ámbitos que engloba la ciencia historiográfica.
Entonces, la historia ¿cómo pudo negar la poética del tiempo?, el iterrogante aliado en sus albores, a la filosofía. La pregunta por la vida, se convierte entonces en la pregunta de la historia. Entonces, la historia no expropia a la filosofía de su mayor cuestionamiento, sino que lo objetiviza, lo analiza con rigor, y pretende quitarle la poética que se ensambla en el tiempo. La historia, pregunta entonces por la vida. Y la misma se desenvuelve en un tiempo. Y aquí el porqué de mi pregunta: ¿la inteligencia del mundo reside en la coordinación de los mundos subjetivos?
Ya Braudel reintroduciría el interrogante por la subjetividad del tiempo, alegando que la modificación de las relaciones entre el hombre y el medio ambiente, son practicamente imperceptibles, debido a longeva duración, ya que tales relaciones se remontan a el principio de la vida humana. Diferentes son las estructuras aquellos "sostenes" y "obstáculos", que refieren nada más y nada menos que a la interacción entre la realidad y la masa social. Dicha tensión que se inscribe en la estructura como sostén y como obstáculo, es lo que otorga su vitalidad. El sostén es lo que permite su desenvoltura en el tiempo y su obstáculo es lo que frena el cambio. Esta dialéctica es la que favorece y a la vez trunca el cambio, pero es perceptible de una manera que no lo es en las relaciones entre el hombre y el ambiente. Por último existe el tiempo de los acontecimientos, el tiempo de la coyuntura, que se asemeja al tiempo que intenté describir anteriormente de manera efímera. El planteo aquí esbozado introduce el cuestionamiento de los tiempos: en el mundo de Braudel, era posible la coexistencia de tres mundos, los tres se desenvuelven armónicamente facilitando la vida en el mundo. Ahora bien: yo pregono por la existencia de otros tiempos no-objetivos y no considerados por la historia.
Si aceptamos la teoría de Braudel, podríamos tomar entonces, la idea de que los diferentes tiempos se pueden coordinar armoniosamente.
Aquí reduciremos la escala, pero no quiero hablar en términos de investigación minuciosa, cuando quiero hablar de la poesía que implica la temporalidad no eterna del hombre. Haré hincapié en el individuo. La vida del individuo se compone por una serie indefinidamente infinita de tiempos que constituyen lo que Romero denominaria la experiencia subjetiva, es decir "La conciencia".

después la sigo.

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