Reedición 2009. (tengo dos años más que ustedes,palabras sucias!)
aquí y hoy, el cristianismo es el modo hegemónico de construir relacionalidad. La caridad se vuelve ley, y poner la otra mejilla es un mero consecuente de el presupuesto de dar y no recibir.
El cristianismo ha dejado de lado la reciprocidad, y ha trazado relaciones unilineales entre individuos, dejando de lado la dialéctica que implican la autonomía y el relacionamiento. El concepto de reciprocidad aquí esgrimido, no es entendido en términos del buen occidental. Reciprocidad como la ley del talión, en donde uno da lo que uno recibe.
Las formas de reciprocidad han sido socavadas por la economía de mercado, sin embargo, en esos intersticios de libertad, es posible concebir al mundo bajo un efecto recíproco, es decir: como un espejo. Es posible trazar los contornos de un mundo similar a este in-mundo cuando acaece la noche. Un mundo que está destinado a ser contorno, siempre latente, que, irrevocablemente se doblega ante la voluntad de un mundo avasallante. El hombre sin sombra, ¿es como el hombre despojado de su inherencia? ¿Un mundo sin sombra?
no sería justo, tampoco, que despojáramos a este mundo de toda luminosidad: en días como hoy. de lluvia,
desp sigo suyeño
aquí y hoy, el cristianismo es el modo hegemónico de construir relacionalidad. La caridad se vuelve ley, y poner la otra mejilla es un mero consecuente de el presupuesto de dar y no recibir.
El cristianismo ha dejado de lado la reciprocidad, y ha trazado relaciones unilineales entre individuos, dejando de lado la dialéctica que implican la autonomía y el relacionamiento. El concepto de reciprocidad aquí esgrimido, no es entendido en términos del buen occidental. Reciprocidad como la ley del talión, en donde uno da lo que uno recibe.
Las formas de reciprocidad han sido socavadas por la economía de mercado, sin embargo, en esos intersticios de libertad, es posible concebir al mundo bajo un efecto recíproco, es decir: como un espejo. Es posible trazar los contornos de un mundo similar a este in-mundo cuando acaece la noche. Un mundo que está destinado a ser contorno, siempre latente, que, irrevocablemente se doblega ante la voluntad de un mundo avasallante. El hombre sin sombra, ¿es como el hombre despojado de su inherencia? ¿Un mundo sin sombra?
no sería justo, tampoco, que despojáramos a este mundo de toda luminosidad: en días como hoy. de lluvia,
desp sigo suyeño


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