Pasajera en trance

Los poetas me acusan de deber ser valiente. Las artes, para siempre.

miércoles, octubre 28, 2009

tránsito pesado


ya no somos toreros de nuestros destinos. un manto de sangre nos cubrió y una vez que nos hubo abandonado; en esa oleada, ya desconocimos nuestras manos.

terminemos con esta farsa, ya no quiero más sembrar flores marchitas.
no existe, no, no, no.
no es posible construir nada ya.

ya no soy nómade, soy páramo, soy pastizal, y ni siquiera puedo intentarlo

ya no sos ni esa oposición ni esa complementariedad ni esa dualidad, ni aquellos miles, sos uno solo y te veo uno y parado y con tristeza te miro

con tristeza de páramo te miro.
con ánimo de reyes, pero te miro.

¿qué nos pasó?

qué le pasó a ese "desde el principio y desde siempre"? ¿porqué nos mutilamos los corazones?¿porqué descuartizamos nuestros besos? ¿porqué tajeamos a esa línea .que se iba hasta el infinito y planeaba nunca volver- que se erigía sobre nosotros? ¿porqué dejamos de ser esa posibilidad latente.. para ser hoy




un páramo?

sábado, octubre 24, 2009

Reedición 2009. (tengo dos años más que ustedes,palabras sucias!)
aquí y hoy, el cristianismo es el modo hegemónico de construir relacionalidad. La caridad se vuelve ley, y poner la otra mejilla es un mero consecuente de el presupuesto de dar y no recibir.
El cristianismo ha dejado de lado la reciprocidad, y ha trazado relaciones unilineales entre individuos, dejando de lado la dialéctica que implican la autonomía y el relacionamiento. El concepto de reciprocidad aquí esgrimido, no es entendido en términos del buen occidental. Reciprocidad como la ley del talión, en donde uno da lo que uno recibe.

Las formas de reciprocidad han sido socavadas por la economía de mercado, sin embargo, en esos intersticios de libertad, es posible concebir al mundo bajo un efecto recíproco, es decir: como un espejo. Es posible trazar los contornos de un mundo similar a este in-mundo cuando acaece la noche. Un mundo que está destinado a ser contorno, siempre latente, que, irrevocablemente se doblega ante la voluntad de un mundo avasallante. El hombre sin sombra, ¿es como el hombre despojado de su inherencia? ¿Un mundo sin sombra?
no sería justo, tampoco, que despojáramos a este mundo de toda luminosidad: en días como hoy. de lluvia,

desp sigo suyeño
y ahora, desde acá, desde hoy: ¿me equivoqué con la vida?