Pasajera en trance

Los poetas me acusan de deber ser valiente. Las artes, para siempre.

martes, diciembre 15, 2009

Happiness only real when shared Christopher McCandless

Dos solitarios se reconocen mientras cruzan la mirada en una escalera de emeregencia (tal vez escalera fugitiva) de algún edificio.


Dos solitarios se reconocen en tanto uno se enrieda con mil palabras y el otro es todo oídos en la muchedumbra silenciosa de un aula.


Dos solitarios se reconocen sentados a la espera de la inminencia en un pasillo del Hospital del Quemado.


Dos solitarios se reconocen en un bar de Corrientes y Uruguay, y, aún así, la única transacción que realizan es la de un vuelto y una propina.


Dos solitarios se reconocen en un boliche. Se saben solitarios, y, sin embargo, prefieren escupirse frases hechas.


Dos solitarios se reconocen a la vera de la Av. 9 de Julio. Ambos saben que el otro no dudaría en avanzar por la avenida con los ojos cerrados. Finalmente es la luz verde para cruzar lo único que los ata.


Dos solitarios se cruzan en la puerta del cine Gaumont. Haciendo caso omiso a su condición de solitarios, se sientan uno al lado del otro a, tal vez, no llegar a más que un roce de brazos.

viernes, diciembre 11, 2009




Un día encontraste un brazo... torcido, comido, incluso tajeado, pero servía. Para las manos tuviste que comprar uñas postizas porque todos estamos hechos de un poco de mentira. Cuando descubriste entre los escombros un pedazo de pierna, no sabías que venía primero, si la rodilla o el tobillo. ¡Y cómo te desconsertaste cuando aparecieron la tibia y el peroné! "¡Qué es eso!" te escuchaba decirme. Quiero confesarte ahora que las piernas me las armaste mal.
Sin embargo, con un corazón falluto y un estómago de mierda (me he comido a cada cosa) me hiciste un ser bastante a semejanza a cualquier otro.
A cuestas sonrío y con bastante facilidad lloro: podría decir que es porque me duelen todos los órganos que manualmente me dispusiste, pero en realidad se debe a algo mucho más triste: soy un ser sensible.
Ni esa nariz tan distinta a la de mi abuela, ni esa nariz tan parecida a la de mi mamá: una nariz mía, que, incluso -¡y también!-, llora. Mis ojos son míos y no son ni azul-celeste, ni naranjas. Casi siempre son grises, es que la luz siempre nos engaña un poco, ¿viste?
Y como yo te lo pedía, en penubra.
En penumbra me quedé, tu obra maestra, me quedé y se quedó en penumbra. Así -como siempre y a los golpes- es como me di cuenta que la oscuridad no me gustaba tanto, y quise dar un paso hacia la luz.


"Es tan fragil que se desarmó" fue lo único que atinaste a decir cuando volviste para sólo encontrar mis pedazos esparcidos.

jueves, diciembre 03, 2009

un movimiento en falso, un cambio de viento, un ladrido, una hoja que cae fuera de lugar y la escena cambia de rumbo. el mito pierde, la sed desborda. el alma camina en silencio. la mente se encuentra sin ...
yo se tan bien como vos que poner en palabras es tan difícil como enhebrar una aguja. intentas encontrar algún ovillo que combine con tu saco de colores que hace hasta tres días -tres días- era la sombra perfecta.
y de repente te preguntasporquelalluviadejadeserdivertida y se convierte en un paraguas, por que un paraguas? por que este duelo de palabras?
Ella.


Es una locura, porque yo también se tan bien como vos que poner algo en palabras es tan difícil como enhebrar una aguja, pero, entonces ¿qué es lo que nos sirve de hilo? ¿la tristeza?